Cómo comenzó todo
En 1997, en un pequeño local de Toledo, Elena Navarro decidió que las técnicas que su abuelo le había enseñado no podían perderse. Comenzó dando clases los fines de semana a un puñado de estudiantes curiosos.
Lo que empezó como una iniciativa personal se transformó en un espacio donde la tradición alfarera española encontró un hogar. Hoy, nuestro taller es un punto de encuentro para quienes buscan conectar con el arte manual.
No somos una escuela industrial. Somos un espacio donde el barro se respeta, donde cada pieza lleva el sello único de quien la crea.